Práctica adulta – 11. ¿Tocando la puerta?

En el Budismo hay diez grandes preceptos llamados “las diez grandes prohibiciones”. Se dice que el monje que rompa alguna de estas prohibiciones irá directamente al infierno. Estos diez preceptos empiezan con no matar, y también incluyen no hablar de los errores de los demás, no difamar a Buda, Dharma o Sangha (esto incluye a cualquier monje Budista, sea como sea su práctica), está también el precepto de no enorgullecerse cuando se habla mal de los demás, y el precepto de no mentir, que significa no hablar para nada mientras se esté en medio de la falsa ilusión. Durante este año yo ya he roto por lo menos estas cuatro de las “diez grandes prohibiciones” en lo que llevo escrito en “la práctica adulta”. Me tendré que preparar para la vida en el infierno…

¿Cuál es entonces la razón por la que rompo estos preceptos, cuando debería conocerlos perfectamente? La razón por la que critico a mi compañero del Dharma (algo que nunca deberías hacer) es simplemente porque sus dificultades con la práctica de shikantaza, son dificultades que todo el mundo encontraremos tarde o temprano, y él simplemente las ha expresado de una forma clara que hace que nuestros propios problemas sean más fáciles de entender. Es una pena que él no consiguiese resolver sus problemas, pero si no tenemos cuidado, podemos acabar también echando la culpa a otros por nuestras desgracias. Esto, por supuesto, es también cierto para mi, y espero poder llegar a hablar durante los próximos meses sobre cómo me he enfrentado a mis propias dudas durante la práctica.
De cualquier forma, si no resolvemos estos problemas, no estaremos a salvo ni siquiera si conseguimos renacer en el paraíso – seremos unos desgraciados aburridos (“hay una orquesta en el paraíso, toca mi canción favorita, la tocan una y otra vez, la tocan toda la noche…” – Talking Heads). Si por el contrario se pueden resolver estos problemas, si pudiera ayudar siquiera a una persona a encontrar estabilidad y confianza en la práctica de simplemente sentarse, entonces yo (y esa persona) tendremos paz incluso en el infierno. Por eso, voy a continuar haciendo algunos comentarios críticos sobre cómo enfrentarnos a nuestra práctica de zazen.
Las críticas que he estado haciendo estos meses no son algo que no sepan mis compañeros. De hecho, el compañero del Dharma del que hablo todo el tiempo escribió en su primer año en Antaiji:
Me estoy empezando a comportar como su hubiera comprendido algo estos días… ¿es que me había olvidado de mi deseo inicial de practicar con el cuerpo y no con el cerebro? Me estoy empezando a relajar aquí en Antaiji, y antes de saberlo, es como si estuviese de vacaciones. Antaiji no es una escuela. Aunque a la gente se le den tareas, depende de ellos resolverlas. Cada uno de nosotros tiene que buscar por sí mismo, penetrarlas por sí mismo. Nadie te va a enseñar aquí. Por eso la pregunta es: ¿Cuánto, y de qué forma, hay que tocar en la puerta que quieres que se abra? Mi madre dice que estoy viviendo una jubilación fácil aquí… pero ¿estaría bien pensar que zazen es el rato de echar una cabezada, cuando Bodhidharma se sentó mirando a la pared durante nueve años dándonos ejemplo del esfuerzo que hay que hacer? Parece que no entiendo para nada la trascendencia de mi propia vida. ¿Cómo puedo malgastar el tiempo de mi vida en Antaiji, estando ausente en el momento presente? Me  tengo que preguntar una y otra vez: ¿no te estarás escapando a una jubilación fácil aquí? La pregunta a la que me tengo que enfrentar es ¿qué estoy haciendo aquí en Antaiji, un lugar que se supone que es para la práctica de shikantaza? ¿Tengo realmente claro quién soy, lo que estoy haciendo? Este es el significado de despertar la mente Bodhi y volver a zazen cientos de miles de veces. Esto es lo que significa “despertar”. Todo está contenido en el sentarse. ¿Por qué? Porque he venido aquí a estudiar la vía de Buda…
Bastante parecido a lo que he estado diciendo en la serie “práctica adulta” resumido en estas pocas palabras de mi compañero del Dharma. ¿Cómo se toca en la puerta de zazen? Si esta es la pregunta que guía tu práctica, no te debes perder. Entonces, ¿cómo se desarrolló la práctica de mi compañero durante tres años antes de que yo viniese a Antaiji? Antes de citar su artículo del anuario de 1990, voy a citar lo que escribió otro monje, esto quizá ayude a entender la atmósfera que había en Antaiji por aquel entonces:
A: Todavía lloviendo… ¿cuándo parará? Habrá estado lloviendo unos dos tercios de este año.
B: Es depresivo. Es por este tiempo por lo que tengo la cabeza atontada.
C: Aquel tifón hizo bastante daño, ¿no? Toda el agua de la presa estaba sucia de barro, había rocas y árboles caídos. Me alegro de que la hayamos limpiado – llegué a pensar que nunca volveríamos a tener agua potable. Por lo menos ya tenemos agua para beber y las duchas de barro se han acabado.
B: ¿Estás seguro? La última vez que limpiamos el depósito, al día siguiente toda la suciedad volvió a bajar y lo llenó todo otra vez, ¿no te acuerdas?
D: Si, ¡es verdad! Supongo que es otro ejemplo de la verdad de que las cosas no siempre son como a ti te gustaría – ¡excepto para el barro y la suciedad! Antes del tifón los jabalíes se comieron todas las batatas del huerto, igual que el año pasado. Todos los planes que habíamos hecho se borraron. Los planes sobre el arroz, las verduras salvajes, la vaca…
C: Eso quiere decir que todos los fenómenos aparecen y desaparecen sin relación a nuestros egos. ¡Es una enseñanza de la no substancialidad universal!
B: Cuando te escucho hablar, me pregunto qué tipo de práctica idealista estás haciendo aquí…
E: Este año invertimos un montón de tiempo y energía quitando las hierbas del arrozal esperando que hubiese menos trabajo el año que viene, pero ahora que todo ha sido arrasado tenemos que empezar desde cero el año que viene. El arrozal parece el Gran Cañón…
A: ¿Y que haremos con las verduras para el invierno? Porque con toda esta lluvia, todas las verduras y las judías azuki han muerto – incluso en el pueblo de abajo de la montaña se están quejando de la cosecha.
E: Bueno, lo que no tenemos, no lo tenemos – nos tendremos que apañar con las cosas que sí que tenemos. También la organización del trabajo tendría que cambiar, normalmente ahora tendríamos que estar cortando hierba, pero este año no va a haber tiempo para eso. Como no pueden pasar coches por la carretera, tampoco podremos traer los árboles que ya teníamos cortados para el invierno. Además tendremos que cargar con la gasolina y la comida que necesitemos para el invierno hasta aquí arriba. Hay trabajo…
C: ¿Cuánta nieve caerá este invierno? Espero que no mucha.
B: ¿Quién narices sabe? Mejor será que nos preparemos para el invierno pronto… ¿ya nos estamos quedando sin sake? ¿Quién bebe tanto? ¡No os olvidéis de las provisiones de alcohol y comida!
F: Mirad este artículo del periódico sobre las fuerzas armadas. ¿Los van a mandar en serio a la Guerra del Golfo? ¡Que peligro!
C: Esta generación criticaba a la anterior por no oponerse a la Segunda Guerra Mundial, pero antes de que te des cuenta, ya están haciendo lo mismo. ¿Cómo van a aguantar las críticas de la próxima generación?
E: A ver, déjame ver…
Aún en una situación así, cuando todo el mundo parece preocupado por su alrededor, especialmente por lo que comerán durante el invierno, mi compañero del Dharma reflexiona sobre su práctica de zazen en el mismo anuario:
Cuando me siento, toda clase de pensamientos aleatorios entran en mi cabeza. Incluso sin darme cuenta un pensamiento empieza a ocuparme la cabeza, luego desaparece otra vez, justo para que otro pensamiento tome su lugar. Me pongo a pensar, completamente absorto en mis pensamientos. Y antes de que me de cuenta, me quedo dormido, la postura se ha deshecho, y – cuando corrijo la postura y trato de volver a zazen – empiezo a pensar otra vez”.
Estos problemas son algo que muchos encuentran cuando se acostumbran a la práctica hasta un punto, después de quizás unos 3 ó 4 años. Aunque trates de dar lo mejor de ti, puede ser como correr contra una pared imposible de romper. Especialmente cuando todo el mundo está cansado de trabajar, puede ser difícil practicar zazen como si estuvieras en el fuego. Pero, si eres tan consciente del problema como parece que lo era mi compañero de Dharma, al final será posible romper esa pared.
Esto, de nuevo, no sólo es sobre mi compañero del Dharma. Escribiendo este artículo sobre “práctica adulta” me da la sensación de que yo tampoco estoy progresando mucho: me estoy repitiendo una y otra vez, y me pregunto cuánto tiempo más pasará hasta que llegue al punto de la práctica adulta. Otra vez, te tengo que pedir un poco de paciencia. Siento que estos problemas que le ocurren a los practicantes más avanzados merecen nuestra atención cercana, y aunque me da miedo que te empieces a aburrir con mi charla, continuaré examinando los antiguos anuarios de Antaiji el próximo mes.
Muh? Nölke
http://antaiji.dogen-zen.de/esp/abbotmuho.shtml
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Traducido y publicado con la autorización del autor
Traducción: Susana Dauden

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