Fe en el budismo ¿en qué creen los budistas?

Casi todas las religiones están basadas en la fe. El budismo, en cambio, hace hincapié en la “visión”, la penetración, el conocimiento, la comprensión, y no en la fe o la creencia. En los textos budistas encontramos la palabra saddha traducida generalmente por “fe” o “creencia”. Pero saddha no es fe propiamente dicha, sino más bien “confianza” nacida de la convicción.

La fe o la creencia, conforme la interpretan la mayoría de las religiones, tiene muy poco que ver con el budismo. La creencia surge cuando no hay visión – visión en todo el sentido de la palabra. En el instante en que veis, la creencia desaparece. Si os digo que en el puño tengo escondida una joya, la creencia surge en vosotros porque no la veis, pero si abro la mano y os muestro la joya, vosotros mismo la veréis y la creencia ya no tiene razón de ser. Así, los textos budistas antiguos dicen: “Profundizar (en la Verdad) del mismo modo que uno ve una joya en la palma de la mano”.

Siempre se trata de visión, penetración, conocimiento, y no de creencia. La enseñanza del Buda es denominada ehipassika, o sea, que os invita a “venir y ver”, y no venir y creer. Las expresiones empleadas en diversos lugares de los textos budistas, relativas a aquel que ha logrado la percepción de la Verdad, son las siguientes: “Ha surgido (en él) el impoluto e inmaculado Ojo de la Verdad”; “ha visto la Verdad, ha alcanzado la Verdad, ha conocido la Verdad, ha sobrepasado la duda, está libre de vacilación”; “así con recta sabiduría él ve (las cosas) tal como son”.

Y refiriéndose a su propia Iluminación, el Buda se expresó de este modo: “Surgieron en mí el ojo (la visión profunda), la sabiduría, el conocimiento y la luz”. Siempre consiste en ver mediante el conocimiento o la sabiduría, y no creer por medio de la fe.

En cierta ocasión, el Buda les explicó a sus discípulos la doctrina de causa y efecto (karma), y estos le contestaron que la veían y comprendían claramente. Entonces el Buda se dirigió a ellos diciendo: “Oh monjes, aun esta opinión que es tan pura y clara, si os apegáis a ella, si os encariñáis con ella, si la guardáis cual un tesoro, ello significa que no habéis comprendido que la enseñanza se asemeja a una balsa que está destinada para cruzar a la orilla opuesta, y no para llevarla (continuamente)”.

Y en otra parte él explica esta célebre parábola en la cual su enseñanza es comparada con una balsa que sirve para cruzar a la otra orilla, no para ser llevada sobre las espaldas:

– Oh monjes, un hombre que está viajando llega a una gran extensión de agua, cuya orilla en la cual él se halla es peligrosa, mas la opuesta es segura y libre de peligros. Entonces tiene este pensamiento: “Vasto es este río; en esta orilla abunda el peligro, empero, aquella es segura y libre de peligros. No hay bote ni puente con los cuales podría cruzar el río. Por tanto, sería conveniente que juntara hierbas, leña, ramas y hojas para construir una balsa, así con ayuda de la balsa e impulsándome con mis manos y mis pies, podré alcanzar la otra orilla sin peligro”. Entonces, oh monjes, ese hombre juntó hierbas, leña, ramas y hojas, y con ellas construyó una balsa; después con ayuda de la balsa e impulsándose con sus manos y sus pies cruzó el río sin peligro. Y cuando hubo alcanzado la otra orilla pensó: “Esta balsa me fue muy útil; con su ayuda e impulsándome con mis manos y mis pies llegué a esta orilla del río. En consecuencia, justo sería que la cargue sobre mi cabeza o mis espaldas y la lleve conmigo dondequiera que vaya”. ¿Qué pensáis, oh monjes? ¿Si ese hombre procediera así, obraría apropiadamente con la balsa?

– No, Señor – respondieron los monjes.

– ¿Cómo obraría él apropiadamente con la balsa? Suponed que luego de haber llegado
a la otra orilla él pensara: “Esta balsa me fue muy útil; con su ayuda e impulsándome con mis manos y mis pies llegué a esta orilla del río. En consecuencia, justo sería que la abandone en la playa o la amarre a la costa dejándola flotar y después continúe libremente mi camino”.

Procediendo así, ese hombre obra apropiadamente con la balsa. De la misma manera, oh monjes, he enseñado una doctrina que se asemeja a una balsa – ella es (también) para alcanzar la otra orilla, y no para retenerla (lit. “apegarse a ella”).

Con esta parábola queda totalmente aclarado que la enseñanza del Buda se propone conducir al hombre a lugar seguro, a la paz, a la felicidad y a la placidez. Toda doctrina enseñada por el Buda tiende a este fin. Él no habló simplemente para satisfacer la curiosidad intelectual, sino que fue un maestro práctico, y sólo enseñó aquello que podría traerle paz y dicha al hombre.

Adaptación libre de un fragmento de LO QUE EL BUDA ENSEÑÓ de Walpola Rahula

TI_VerProductosImagen2

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà. Els camps necessaris estan marcats amb *

Aquest lloc utilitza Akismet per reduir el correu brossa. Aprendre com la informació del vostre comentari és processada