CÓDIGO ÉTICO DE LOS MIEMBROS DE LA COMUNIDAD BUDISTA SOTO ZEN

Recupero otro texto de mi etapa como encargado de mantener la página de la CBSZ cuando era budismosotozen.es, me apetece tenerlo a mano en la cueva para releerlo habitualmente, para recordarme el compromiso que en su día realicé, para actualizarlo cada día y de paso compartirlo con los lectores de este espacio.


Nosotros, discípulos del Zen, expresamos de forma consciente y rotunda que nuestra mayor aspiración es la plena realización de nuestra naturaleza búdica y que aspiramos a esa realización para el bien de todos los seres.

Los hombres y mujeres miembros de la Comunidad Budista Soto Zen (CBSZ) somos buscadores del Conocimiento. Como tales, nos reconocemos en el camino de sabiduría y compasión que los Budas y Patriarcas de todos los tiempos han recorrido antes que nosotros. Los miembros de la CBSZ somos conscientes de que vivimos en tiempos de crisis generalizada de valores. Miremos donde miremos encontramos a nuestro alrededor confusión, dolor, soledad, angustia, encontramos sufrimiento.

Las desigualdades de nuestro mundo son más flagrantes que nunca, existiendo pobreza y miseria extremas en medio de la opulencia. Vemos por doquier destrucción de la naturaleza y de otras formas de vida, fanatismos violentos, emigrantes que mueren en el camino y otros que son maltratados, vemos a nuestro alrededor brotes de racismo y xenofobia… Millones de hermanos nuestros de los países del Sur sobreviven a duras penas mientras que el opulento Norte derrocha recursos a una velocidad vertiginosa. Vemos que la mayoría de sus hombres y mujeres tratan de llenar el vacío de su mundo interior con una alocada carrera de consumo de objetos y hábitos superficiales.

Una causa profunda de esos graves desequilibrios e injusticias existentes en la sociedad en la que vivimos es que es una sociedad que ha perdido su conexión con el Espíritu Invisible, es decir, con lo Esencial. Por ello, en medio de esa crisis de valores es más importante que nunca proteger, preservar, la llama sagrada del Espíritu. Es fundamental que los hombres y mujeres que cultivamos en nuestro corazón y en nuestra mente la Vía de los Budas hagamos de nuestra vida un ejemplo concreto, real , de que se puede vivir de otra manera. Con otros valores, con otra apertura, con otro silencio, con ecuanimidad, compasión, amor. Por encima de todo, sabemos que somos Budas caminando sobre la Tierra y mediante nuestra práctica de meditación actualizamos y renovamos esa actitud. De ese surtidor mana la fuerza para crear y crecer en esos valores.

Nosotros, discípulos del Zen, no basamos nuestro compromiso ético ni en verdades externas a nosotros mismos, ni en dogmas de ningún tipo. Como herederos del mensaje de sabiduría, libertad y compasión de nuestro muy querido maestro Sakyamuni el Buda, basamos nuestro compromiso ético en nuestra aspiración inquebrantable a desarrollarnos como seres conscientes, libres, amorosos, abiertos, nobles, generosos.

Nosotros, miembros de la CBSZ, estamos aquí para manifestar que cada ser es un tesoro que ha de ser protegido y respetado y que el mundo sobre el que caminamos es la Tierra Pura del Buda. Para manifestar que nuestro inmenso amor al Dharma se traduce día a día, hora a hora, instante a instante en afirmar y actualizar que todos y cada uno de los seres del Cosmos son una joya preciosa de luz, amor y libertad.

Desde este espíritu, los miembros de la Comunidad Budista Soto Zen asumimos los siguientes compromisos éticos:

  1. Asumimos el precepto de velar por la vida, la nuestra propia, la del resto de personas y la de todos los seres vivos que existen en la Tierra. En consecuencia, nos abstenemos de matar.

Somos conscientes que existir es existir en interrelación. Vivimos en relación con otras personas, con otros seres, en relación con el agua, el viento, la lluvia, la hierba… Nuestro mundo es mucho más hermoso porque el águila surca sus cielos, el lobo aúlla en las estepas, el oso corre por los bosques, las ballenas surcan los mares…Todos los seres, animados e inanimados, forman el Gran Cuerpo del Buda. La vida sobre la Tierra es sagrada y todas sus formas merecen todo nuestro respeto y veneración.

  1. Asumimos el precepto de cultivar la generosidad, la de los bienes materiales, la del cuerpo, el corazón y la mente. Nada nos falta, pues instante a instante actualizamos nuestra conexión íntima y profunda con el Cosmos. En consecuencia, nos abstenemos de tomar nada que no sea nuestro, nos abstenemos de robar.

Somos conscientes de que nuestro ser esencial es una joya luminosa hecha de sabiduría y compasión. Que la vida nos ha hecho inmensamente ricos sólo por el hecho de ser hombres y mujeres caminando sobre la Tierra. Que la vida nos ha proporcionado un gran regalo poniéndonos en la senda de los Budas y Patriarcas, porque esa es para nosotros la senda real de realización de nuestro ser total. Nosotros discípulos del Zen nos reconocemos como hijos de la Tierra y del Sol, el Universo entero es nuestra morada porque nunca hemos estado separados de todo lo que nos rodea. En consecuencia, nada nos falta y por ello no tenemos ninguna necesidad de tomar nada ajeno. Desde este espíritu de generosidad, de donación y gratitud, los miembros de la CBSZ nos abrimos a lo Invisible para que la prosperidad bendiga al templo Luz Serena y pueda, así, ir realizando su labor en el Dharma visible con los medios humanos, económicos y materiales adecuados.

  1. Asumimos el precepto de que en todo lugar y circunstancia nuestras palabras expresen la verdad. El verbo surge como expresión del ser esencial que somos. A través de la palabra los Budas se comunican con los Budas. A través del silencio los Budas se comunican con los Budas. En consecuencia, nos abstenemos de palabras falsas.

Somos conscientes de que la credibilidad, el reconocimiento y el respeto de nuestra labor ante las gentes surgen de la honestidad. Ser verdaderos y auténticos es una cualidad que surge natural de quienes no queremos ser mejores de lo que somos, porque aquí y ahora descansamos en nuestra naturaleza original. No mentir, no engañar, no falsear, decir simplemente la verdad en cada momento es estar en la vía, en ese preciso momento.

  1. Asumimos el precepto de crear unas relaciones de amor y crecimiento personal con nuestras parejas. La unión sexual entre dos personas es la fusión entre dos Budas. A través de esa unión se produce, en ocasiones, el milagro de la vida y nuevos seres llegan a la Tierra. La sexualidad es una celebración sagrada de la vida. En consecuencia, nos abstenemos de tener una vida sexual que produzca dolor y sufrimiento en otros seres.

El padre cielo y la madre tierra, el sol y la luna, el día y la noche, el hombre y la mujer. La unión íntima entre dos seres es uno de los momentos más profundos que nos es dado experimentar en nuestra existencia como personas. A través de la amada, a través del amado, el infinito danza entre nuestros dedos. El ser radiante de luz que mora en nuestro interior se reconoce en los ojos del otro ser. La dicha, el gozo, la alegría, la entrega de la unión sexual entre dos seres son también un camino de realización hacia el ser de luz que somos. En consecuencia, cultivamos una visión sagrada de esa relación.

  1. Asumimos el precepto de cultivar una actitud consciente ante la existencia. La vía de la conciencia es la vía de los Budas. Despertarnos instante tras instante a nuestra naturaleza original es la transmisión que nos ha sido legada desde tiempos inmemoriales por los buscadores del Conocimiento.

En consecuencia, nos abstenemos del uso de embriagantes y sustancias que producen anestesiamiento de la conciencia. La Vía del Zen es la vía de la conciencia. Sabemos que vivimos en una sociedad que favorece de manera generalizada el anestesiamiento de la conciencia de sus gentes. Toda persona teme enfrentar el abismo de la existencia y en particular el abismo de la no existencia, de la desaparición. El miedo atávico que produce asomarse a la certitud de que todos hemos de morir conduce a mucha gente a narcotizar su conciencia. Nosotros, discípulos del Zen, en nuestra práctica de meditación cultivamos la actitud de mirar cara a cara la disolución y la muerte. Sabemos que morimos como olas, pero que permanecemos como el océano que siempre hemos sido. En consecuencia, enfrentamos nuestros miedos desde la conciencia y la confianza. Por ello, cultivamos una actitud de evitar regresar hacia la inconciencia por medio de sustancias embriagantes o narcotizantes.

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