El maestro verdadero

No busques “maestros verdaderos”, te encontrarás con seres tan frágiles y pobres como tú y te sentirás decepcionado.

Los únicos maestros que he seguido en mi vida, aquellos que han hecho de mi lo que soy, eran seres humanos frágiles y ordinarios pero genuinos y verdaderos. Ni personajes de literatura ni de postureo, sino seres desconchados por todos lados y, aún así, rebosantes de luz. Pienso en el maestro Seung Sahn o en Bon Yo, mis primeros maestros. Seung Sahn dijo: “Soy rico en enseñanzas para darte, todas ellas salidas directamente del infierno de mis heridas”. También he conocido a maestros con los que me sentí decepcionado, herido, engañado y con quienes he tenido los mayores desacuerdos. A veces me ha sorprendido profundamente el darme cuenta de cómo yo mismo he podido herirles también. Pero estos seres humanos reales también me han enseñado mucho, me abrieron los ojos y me hicieron avanzar. Se lo agradezco de todo corazón y me prosterno ante ellos.

Y, además, están todos estos maestros comunes, nuestros padres, nuestros hijos, un extraño, una flor o una estrella… Por favor, busca la Vía y sé tu propio Camino. Si te encuentras con un maestro, sigue el Camino que guía sus pasos, que ilumina su oscuridad, que profundiza su búsqueda, que purifica sus errores y sublima sus bellezas.

No esperes que el maestro sea perfecto en tu lugar y te libere del duro esfuerzo de tu propia búsqueda. Trabaja con él, brilla en su luz y echa raíces en sus errores; si consigues amar los errores y las debilidades de tu maestro, entonces podrás sanar y reconciliar todos tus errores y fragilidades, en un abrir y cerrar de ojo. Dile que se equivoca cuando creas que está equivocado. Háblale de esas cosas suyas que no comprendes o que te hacen daño. Un maestro es solo un saco de piel y de huesos como tú y, si tiene algo más que tú, eso es la responsabilidad y la alegría entusiasta de compartir contigo esta maravillosa vía como es el zen.

Si estás buscando el maestro perfecto, entonces te encuentras todavía en la etapa de tus caprichos espirituales. Yo también cometí el mismo error en su momento. Es como un espejo. Si practicas para ser perfecto serás siempre desgraciado. Pero si coges la mano de un anciano en la Vía para caminar en su compañía y crecer con él, entonces esa es la preciosa relación maestro- discípulo. I shin den shin (de corazón a corazón).

¿Qué es, entonces, el maestro, sino un pobre diablo que camina como tú y que hace lo que puede? Obsérvalo cuando toma el asiento de los patriarcas cuando se dirige al altar para hacer una ofrenda, cuando está sentado impartiendo el Dharma, cuando corrige o enseña, cuando practica zazen, cuando recita los sutras, cuando en sesshin te guía dando ejemplo de servicio, de práctica continuada, de recogimiento y de silencio.

¿Qué ves en él? Un raku agrietado a través del cual pasa la luz, una vela improvisada que ilumina el mundo al consumirse, un saco de carne y de huesos, un cúmulo de errores y fragilidades a través de los cuales el Dharma se expresa generoso e ilimitado, más grande que nada. Un ser que duda como tú, que llora también. Un ser que se regocija y que vive. Alguien que aguarda la felicidad del mundo como un vigía espera la aurora. Solo es un anciano en el camino del despertar, un anciano que ha acumulado más errores y más empezar de nuevo, más debilidades y más pruebas que tú.

Abandona el pensamiento egoísta de que él solo está ahí para enseñarte a ti. Descubre el milagro de la transmisión según el cual el que enseña es el que es enseñado.

Por favor, sé tu propia lámpara. Entonces, de repente, no habrá más noche que la noche serena, con sus luces humildes y verdaderas, donde el silencio es un compañero y la soledad, un amigo, lo desconocido fe y, cualquier ruido, mensajero.

Federico Dainin Jôkô Sensei

 

Maestro Zen Federico Dainin Jôkô Sensei

Moltes gràcies pel teu comentari.